viernes, 8 de enero de 2010

Las manchas de la Luna

Hace unos meses leí este relato en un periódico gratuito que regalan en el metro. Lo traigo aquí porque me parece de una belleza extraordinaria y me gustaría que muchos lo disfrutaran como hice yo...

Ser un lunático/a, estar en la luna, quedarse a la luna de Valencia… Todos sabemos la gran influencia que tiene este misterioso satélite sobre las mareas, animales y humanos.
Como pasó con Ceramí, una bella indígena que vivía sola en un poblado. Cada tarde le visitaba un colibrí que le alegraba sus rutinarios días. Pero una noche, Ceramí sintió una presencia extraña en su choza y se asustó mucho: ¿Era una persona? ¿Un fantasma? Al día siguiente preguntó a sus vecinos si habían notado algo extraño aquella noche. Nadie había notado nada. Entonces la joven se llenó de miedo y preocupación, pero no le quedó más remedio que continuar con su vida.
Pasaron los días y el colibrí seguía visitando a Ceramí, así como la misteriosa presencia nocturna, que cada vez tenía más atemorizada a la joven. De modo que ideó un plan: mezcló hollín y pigmentos de fruta, esperó escondida y cuando apareció la misteriosa presencia… Ceramí la tiznó con el ungüento.
A la mañana siguiente, la joven buscó en el poblado a alguien con la cara tiznada, pero no encontró a nadie. Preocupada y triste, volvió a su choza, y cuando estaba en pleno sueño, unos gritos la despertaron: “¡Mirad lo que le ha pasado a la luna!”. Ceramí se asomó a la ventana y vio las enormes manchas que tenía el misterioso astro. Entonces entendió, guardó su secreto y nunca más volvió a sentir temor.

A veces averiguar el origen de un miedo infundado puede ayudarnos a tener más seguridad y a ser más felices.

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